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¿Qué es la generación distribuida?


 

Tradicionalmente el esquema de la estructura de los sistemas eléctricos presentaba un aspecto muy jerarquizado, donde un único productor de energía eléctrica abastecía a muchos consumidores de manera piramidal:

 Estructura tradicional del Sector Eléctrico

La generación convencional se conecta en la red de transporte y la energía recorre largas distancias hasta los centros de consumo. Cuando esta energía llega a la red de reparto el flujo de potencia es prácticamente unidireccional debido al carácter radial de dichas redes.

Generación y transporte del sistema eléctrico

La mayoría de las plantas de generación se encuentran situadas a grandes distancias de los centros de consumo. Por ello, es necesario dotar al sistema de una compleja infraestructura que permita transportar la energía y hacerla llegar a los usuarios en óptimas condiciones para su consumo.

Frente a este modelo tradicional, implantado en las últimas décadas, surge un modelo alternativo en el que la generación de energía se acerca al consumidor, tanto física como virtualmente. Nace así la denominada Generación Distribuida. La complementariedad entre ambos modelos (convencional y distribuido) será la base para el desarrollo de los futuros sistemas eléctricos de potencia. La generación distribuida permite producir, almacenar y administrar la energía en el mismo lugar de consumo y supone que los consumidores puedan convertir sus casas en pequeñas centrales eléctricas.

La Red Eléctrica ya no va a ser de tipo piramidal o jerárquica (donde uno produce y muchos consumen) sino que va a pasar a ser de tipo malla (como Internet) donde todos los nodos puedan consumir y producir indistintamente. En una Red Distribuida el usuario puede producir, vender y consumir.

En el pasado, cada pequeña ciudad tenía su central generadora de electricidad y de calor. Al ir creciendo las ciudades, este modelo cayó en desuso, sobre todo por impulso de los norteamericanos, que apoyaron la construcción de grandes centrales eléctricas cerca de las minas, en lugar de las ciudades, y el transporte de la energía a larga distancia. Este paradigma está llegando a su límite, por lo que hay que evolucionar hacia ese paradigma distribuido: que en los barrios, en las pequeñas ciudades, en las casas, en las factorías, se genere energía. En el futuro las posibilidades de la energía distribuida se multiplicarán, creando un mercado libre sin empresas o leyes reguladoras. Los consumidores tendrán el control total, generando todo el calor o la electricidad para cubrir sus necesidades, e incluso permitiendo compartir el sobrante con otros usuarios o venderlo a la red de suministro. Incluso se contempla un marco de actuación en el que la energía sobrante que se vendiese saldría a un precio y quien la necesitase la compraría, pero vendiéndose al mejor postor.

Además el sistema actual de generación central, basado en enormes plantas alejadas de los lugares de consumo, suponen un malgasto energético y un coste económico y ecológico que no podrá aguantar muchos años.

La extensión de este tipo de sistemas permitiría además salir de la situación de subdesarrollo y pobreza a gran parte de la población del planeta. Según datos del Banco Mundial, hay cerca de 2.000 millones de personas que se encuentran fuera de las redes de suministro eléctrico. El problema es especialmente preocupante en África, donde más del 90% de la población rural no tiene acceso a la electricidad.

Se han de desarrollar requisitos y criterios de calidad comunes para la interconexión y la operación de recursos energéticos distribuidos, además de procedimientos de ensayo y certificación que serán incluidos en las futuras normas internacionales aplicables a una generación eléctrica más descentralizada.

Incluso las grandes eléctricas, que inicialmente no estaban interesadas en las renovables comienzan a ser conscientes de que con éstas siguen controlando la compra y venta de energía y se ahorran muchos costos (transporte).

Las diversas tecnologías actuales (energía solar fotovoltaica, células de combustible, microturbinas, turbinas de viento (eólica), máquinas de combustión interna, generadores a partir de biomasa, etc.) permiten poner en marcha este tipo de sistemas, lo que en definitiva supone incrementar el uso de las energías limpias. Por ejemplo, hay calderas en el mercado que generan calor y electricidad, y aunque son más caras que los modelos convencionales, se amortizan rápidamente con el ahorro que consiguen.